GUERRA Y PAZ,(CAPÍTULO 10 Y 11) DE TOLSTÓI.PARTE X Y XI

English: Lev Nikolayevich Tolstoy shoeless. Oi...

English: Lev Nikolayevich Tolstoy shoeless. Oil on canvas. 207 × 73 cm. The State Russian Museum, St. Petersburg. Español: Lev Nikoláyevich Tolstói descalzo. cm. Óleo sobre lienzo. 207 × 73 cm. Museo estatal ruso, San Petersburgo. Русский: Лев Николаевич Толстой босой. Холст, масло. 207 × 73 см. Государственный Русский музей, Санкт-Петербург. (Photo credit: Wikipedia)

LEÓN TOLSTÓI

Liev Nikoláievich Tolstói (cirílico ruso Лéв Николáевич Толстóй), también conocido como León Tolstói (Yásnaya Poliana, 28 de agostojul.9 de septiembre de 1828greg. – Astápovo, en la actualidad Lev Tolstóiprovincia de Lípetsk, 7 de noviembrejul.20 de noviembre de 1910greg.) fue un novelista ruso ampliamente considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial.1 Sus más famosas obras son Guerra y Paz y Anna Karénina, y son tenidas como la cúspide del realismo. Sus ideas sobre la «no violencia activa», expresadas en libros como El reino de Dios está en vosotros tuvieron un profundo impacto en grandes personajes como Gandhi y Martin Luther King.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

 

Plato y cubiertos

Plato y cubiertos (Photo credit: enric archivell)

Martin Luther King, 1964

Martin Luther King, 1964 (Photo credit: Wikipedia)

Biografía

Se traslada a Moscú con intención de buscar un empleo o un casamiento conveniente. En aquel período de indecisiones, acosado de deudas contraídas en el juego, se declara la guerra con Turquía y su hermano Nikolái, teniente de artillería, lo insta a ir con él al Cáucaso, en el Valle del Térek. Al llegar a la stanitsa Tolstói se desilusiona y se arrepiente de su viaje. Pocos días después acompaña a su hermano que debía escoltar un convoy de enfermos hasta el fuerte de Stary-Yurt. Cruzan las fuentes termales de Goriachevodsk donde Tolstói, algo reumático, aprovecha para tomar baños termales y donde conoce a la cosaca Márenka, idilio que reaparece en su novela Los Cosacos.

Os típicos cosacos ferroláns

Os típicos cosacos ferroláns (Photo credit: xaimex)

Tolstói no pertenecía al ejército, pero en una de las campañas de la Guerra de Crimea, el comandante, príncipe Aleksandr Bariátinski, repara en él y tras unos exámenes Tolstói ingresa en la brigada de artillería, en la misma batería que su hermano, como suboficial. Tiempo después consigue permiso para una cura reumática en las aguas termales enPiatigorsk, donde aburrido de pasar largas horas encerrado en su habitación se pone a escribir. El 2 de julio de 1852 termina Infancia y fruto de su estancia escribe La tala del bosquey los Relatos de Sebastópol.

Poco después de ser testigo de tantos sacrificios y heroísmo en el Sitio de Sebastópol se reintegra a la frívola vida de San Petersburgo, sintiendo un gran vacío e inutilidad.

“He adquirido la convicción de que casi todos eran hombres inmorales, malvados, sin carácter, muy inferiores al tipo de personas que yo había conocido en mi vida de bohemia militar. Y estaban felices y contentos, tal y como puede estarlo la gente cuya conciencia no los acusa de nada”

Tolstói

Sofía Andréyevna Behrs y uno de los trece hijos que tuvo con el escritor.

Adscrito a la corriente realista, intentó reflejar fielmente la sociedad en la que vivía.

Crowds surrounding the Reflecting Pool, during...

Crowds surrounding the Reflecting Pool, during the 1963 March on Washington. (Photo credit: Wikipedia)

OCTAVA PARTE /X …NOVELA DE TOLSTÓI.GUERRA Y PAZ

FUENTE: http://zonaliteratura.com

 

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Últimamente Anatolio vivía en casa de Dolokhov. El plan del rapto de la señorita Rostov había sido ideado y preparado por Dolokhov, y el día que Sonia escuchaba detrás de la puerta de Natacha y decidió salvarla el plan debía ser ejecutado. Natacha había prometido a Kuraguin que se reuniría con él a las diez de la noche, por la escalera de servicio. Kuraguin la había de recoger en una troika que los esperaría y los conduciría el pueblecito de Kamenka, a sesenta verstas de Moscú; allí; un pope destituido los casaría.

Desde Kamenka, un coche los conduciría a la carretera de Varsovia, y de allí, en coche de posta, huirían al extranjero. Anatolio tenía el pasaporte, el billete de ruta, diez mil rublos tomados a su hermana y otros diez mil que le habían prestado por mediación de Dolokhov.

Dos testigos, Khvostikov, antiguo funcionario que Dolokhov hacía servir de gancho en el juego, y Makarin, húsar retirado, hombre ingenuo y débil, que sentía una amistad sin límites por Kuraguin, estaban sentados en la sala de espera tomando el té.

En su espacioso despacho, adornado de arriba abajo con tapices persas, pieles de oso y armas, Dolokhov, en traje de viaje y botas altas, estaba sentado en su escritorio abierto en el que tenía cuentas y los paquetes de billetes de Banco. Anatolio, con el uniforme desabrochado, iba de la sala donde estaban los testigos al despacho y a la sala de atrás, donde su criado francés, con otros sirvientes, preparaban la última maleta. Dolokhov contaba el dinero y tomaba nota.

Dolokhov encerró el dinero en el cajón, llamó a un criado para que preparara la comida y bebida para el camino y luego entró en la sala donde le esperaban sentados Khvostikov y Makarin.

Anatolio se había tendido en un diván con las manos bajo la cabeza; sonreía pensativamente y sus labios murmuraban palabras tiernas.

‑ ¡Vamos, come algo! ‑ exclamó Dolokhov desde la otra habitación.

‑ No tengo hambre ‑ replicó Anatolio sin perder su sonrisa.

‑Mira, Balaga ya está aquí.

Anatolio se levantó y entró en el comedor.

Balaga era un cochero de troika muy conocido, que guiaba muy bien. Dolokhov y Anatolio se servían muy a menudo de su troika. Muchas veces, cuando el regimiento de Anatolio estaba en Tver, se lo llevaba de Tver al anochecer, a la madrugada llegaban a Moscú y el día siguiente estaba de regreso. Muchas veces había salvado a Dolokhov de la persecución. Muy a menudo, en la ciudad, los había paseado con bohemias y damitas, como decía Balaga. Muchas veces, conduciéndolos a Moscú, había atropellado a gente del pueblo y a cocheros, y siempre había podido escaparse. Con ellos había reventado muchos caballos. Muchas veces se había peleado por ellos; muy a menudo le habían emborrachado de champaña y de madera, vino que le gustaba extraordinariamente, y él sabía muchas aventuras, cada una de las cuales merecía un descanso en Siberia. En sus orgías invitaban muy a menudo a Balaga, le hacían beber y bailar en casa de los cíngaros y por sus manos pasaban muchos millares de rublos. Sirviéndolos, exponía la vida veinte veces al año, y por ellos había matado más caballos que dinero le habían dado. Pero les quería. Le gustaban aquellas carreras locas de dieciochoverstas por hora; le gustaba volcar cocheros y aplastar viandantes y recorrer a galope tendido las calles de Moscú. Le gustaba oír a sus espaldas: «¡Corre más! ¡Corre más!» cuando ya le era imposible alargar más el galope. Le gustaba medir con un latigazo las espaldas de un campesino que sin aquella advertencia también se habría apartado. «¡Qué grandes señores!», pensaba el pobre hombre.

Anatolio y Dolokhov querían a Balaga por el conocimiento artístico que tenía del oficio y porque a ellos también les gustaban las mismas cosas.

Era un campesino de veintisiete años, rubio, de cara colorada y triste, el cuello encarnado, fuerte, rechoncho, nariz arremangada, ojos pequeños, brillantes, y perilla. Usaba un caftán de paño azul forrado de seda, que siempre se ponía encima de la zamarra.

Se persignó, de cara a un rincón, y se acercó a Dolokhov, tendiéndole su pequeña mano morena.

‑ ¡Buenos días, Excelencia! ‑ dijo a Kuraguin, que entró y le estrechó la mano.

‑ Balaga, ¿me quieres o no me quieres? ¡Es lo que te pregunto!‑dijo Anatolio pasándole la mano por la espalda ‑. Si me quieres me has de prestar un servicio. ¿Qué caballos has traído?

‑Los que me habéis ordenado; los que consideráis mejores‑dijo Balaga.

‑ Pues escucha; reviéntalos, pero has de llegar allí a las tres. ¿Lo oyes?

‑ Eso depende de como esté el camino, realmente. Pero ¿por qué no hemos de poder llegar? Hemos ido a Tver en siete horas. ¿No lo recordáis, Excelencia?

‑ Una vez, por Navidad, salí de Tver ‑ dijo Anatolio dirigiendo una sonrisa a Makarin, que con ojos admirados contemplaba a Kuraguin enternecido ‑, ¿y me creerás, Makarin, que no podíamos respirar de tanto como corríamos? Encontramos un convoy y saltamos por encima de los carros, ¿recuerdas?

‑ ¡Qué caballos! ‑ continuó Balaga ‑. Había enganchado a los costados unos caballos jóvenes ‑ y dirigiéndose a Dolokhov ‑: ¿Lo creeréis, Fedor Ivanitch? Las bestias corrieron sin pararse sesentaverstas seguidas; no podía contenerlas; las manos se me habían hinchado. Helaba y había soltado las riendas. ¿Recordáis, Excelencia? Dejé marchar así el trineo. Entonces no solamente no era necesario pegarles, sino que no se les podía retener. En tres horas hicimos el viaje. Parecía que los diablos nos llevaran. Sólo reventó el de la izquierda.

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OCTAVA PARTE / XI…NOVELA DE TOLSTÓI.GUERRA Y PAZ

Anatolio salió del cuarto y al cabo de un momento volvió con la pelliza ceñida con un cordón de plata y una gorra de cebellina ladeada, que le estaba muy bien.

Ante la puerta había dos troikas con dos criados. Balaga se sentó en la troika de delante y levantando los codos arregló las riendas con calma. Anatolio y Dolokhov se instalaron en el vehículo y Makarin y Khvostikov se acomodaron en el otro.

‑ ¿Estáis dispuestos? ‑ preguntó Balaga ‑. ¡Adelante! ‑ chilló arrollándose las bridas en la mano, y latroika voló hacia el bulevar Nikitzki.

‑ ¡Eh! ¡Atención! ‑ gritaban Balaga y el mozo que iba a su lado. La troika embistió a un coche en la plaza de Arbat, y algo se rompió; se oyó un grito y la troika escapó hacia el Arbat.

Después de dar dos vueltas por el bulevar Podnovuiski, Balaga empezó a moderar los caballos y los paró en la esquina de la calle de los Establos Viejos.

El mozo bajó del asiento para sostener a los caballos por la brida. Anatolio y Dolokhov se situaron en la acera.

Cerca de la puerta cochera, Dolokhov silbó. Enseguida le respondió otro silbido y una camarera apareció en la puerta.

‑ Entrad en el patio, de lo contrario os verían; ella saldrá enseguida ‑ dijo la camarera.

Dolokhov se quedó al pie de la puerta; Anatolio siguió a la camarera al patio, torció a la derecha y subió los peldaños de entrada.

Gavrilo, un criado alto de María Dmitrievna, se encontró con Anatolio.

‑ ¿Venís a ver a la señora? ‑ le preguntó en voz baja cerrándole el paso de la puerta.

‑ ¿A quién decís? ‑ preguntó Anatolio con voz sofocada.

‑ Venid, si gustáis. Me han mandado que os hiciera entrar.

‑ ¡Kuraguin! ¡Márchate! ¡Te han traicionado! ¡Márchate! ‑ gritó Dolokhov.

Dolokhov, que no se había movido del portal, luchaba con el portero, que quería cerrar la puerta detrás de Anatolio. Dolokhov, usando de toda su fuerza, empujó al portero y tirando de la mano a Anatolio, que se le había acercado, le hizo salir y ambos corrieron hacia la troika.

Lev Nikoláyevich Tolstói y corazón de acero

Lev Nikoláyevich Tolstói y corazón de acero (Photo credit: Francisco J. Gómez)

Big Eagle Sculpture in Pyatigorsk

Big Eagle Sculpture in Pyatigorsk (Photo credit: Nova Skola)

English: Photograph of Rosa Parks with Dr. Mar...

English: Photograph of Rosa Parks with Dr. Martin Luther King jr. (ca. 1955) Mrs. Rosa Parks altered the negro progress in Montgomery, Alabama, 1955, by the bus boycott she unwillingly began. National Archives record ID: 306-PSD-65-1882 (Box 93). Source: Ebony Magazine Ελληνικά: Φωτογραφία της Rosa Parks με τον Dr. Martin Luther King jr. (περ. 1955.) Español: Fotografía de Rosa Parks con Martin Luther King jr. (aprox. 1955). Français : Photographie Rosa Parks (ca. 1955) (Photo credit: Wikipedia)