JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ.”CULTURALISMO VIVENCIAL”

2007_1

José María Álvarez

 1945_1

José María Álvarez, nacido en Cartagena (Región de Murcia) en 1942, es un poeta y novelista español.

1984_1

La principal obra de José María Álvarez es Museo de cera (1970 [con el título de 87 poemas], 1974, 1978, 1984, 1990, 1993 y 2002), ha ido haciéndose a lo largo de los años por el empeño de su autor en realizar un libro único y totalizador. No obstante, al sacar a la luz la última edición, el poeta dio por terminado el ciclo de forma explícita. José María Álvarez ha emprendido múltiples caminos de la poesía española contemporánea pasando de una poesía social y de escarceos con la vanguardia a un culturalismo vivencial. El protagonista de sus poemas no es ya el revolucionario que quiere cambiar la vida, sino un decadente vividor que desdeña al vulgo, que ama las causas perdidas.

1985_2

Sus poemas suelen componerse de dos partes:

  1. una cita introductoria (alusiones a mitos del cine, diálogos de teatro, fragmentos de novelas, poemas, ensayos, letras de canciones, etc.) y
  2. el poema propiamente dicho, que intenta la organización del caos, la explicación de un mundo incomprensible.

1990_1

En este deseo de intercomunicar un mundo esencialmente incomunicado, el papel del poeta está visto como un destino fatal (Acepta tu destino como el precio/ de tu palabra. Escribe.); y el tiempo -una constante en Álvarez- viene a corroboramos que todo lo que hacemos es inútil (Antes de levantar los ojos de estos versos/ ya no seré más que el polvo de una época/ que no será recordada).

1991_2

En 2003 apareció Los decorados del olvido, un libro poético dentro de la experiencia testimonial donde son los ejes principales el sexo y la sociedad, en un tono general de sarcasmo. También hay elegía, homenajes, e introspección en una escenografía de fuerte sensorialidad.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

1995_1

Fuente: http://amediavoz.com

ALGUNOS POEMAS DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ:

Abçatritaz

Un secreto esplendor que aún no es ceniza
Francisco Brines

Si Brittles prefiere abrir la puerta en presencia
de testigos -dijo Gilles después de una larga pausa-,
me presto sin duda a acompañarlo
Charles Dickens

Podrías huir. Sin duda. La
nueva Luz del mundo, Octavio, te
perdonaría (si no gustoso, el interés
le haría respetarte,
cubrirte de riquezas). Y eres aún tan bella. Sí, podrías…

Pero no seguirás ese camino.
Y no
por el amor de Antonio, ni porque fuera indigno
de quien de tantos reyes es el último,
sino algo más profundo: algo que sólo a ti te vale,
a cuanto yace en tu memoria.
Y cómo modificaría
esa huida, el pasado.
Lo que fuera esplendor
-esa gloria por la que apostaste-
ahora sería mediocridad;
la grandeza de guerras y pasiones
quedaría convertida en las vulgares
apetencias de una zorra codiciosa.

Por eso, no lo dudas.
y dejas que te vistan tus sirvientas
con tus mejores ropas, y perfumas
tu cuello, y te sientas
segura y orgullosa
en ese trono. Y sin
que la sonrisa se borre de tu boca,
metes la mano en ese cesto
de higos que se mueven, y esperas
la picadura en tu muñeca.

1997_1

Anatron

                                                                                      -¿Y tú quién eres?
-La Ocasión poderosa
Posidipo

Raya algún destello histórico allá
entre las lobregueces del siglo
Edward Gibbon

Para Evelyne Sinnassamy y Michael Nerlich

No existían. He aquí un producto
del siglo XX en sus finales. Genuino:

Esta criatura,
aún ni siquiera adolescente,
vestida y maquillada como puta,
exhibiendo (ignoro si sintiendo)
lumbre de furia sensual,
fantástica,
letal.

Esas piernas, ese culo, ese cuerpo
moldeado por la lycra,
no Son ya piernas, culo, cuerpo,
-como no lo es esa mirada
pervertida- capaces
de una devastación
normal. Esos ojos, esa
boca, ese rostro con ese maquillaje,
es otra dimensión de la belleza
y la sensualidad que controlábamos.

Mientras tú aún estás pensando
en Lampedusa, el Rey Anuro, o en el Ramayana o en
Rimbaud,
o dándole vueltas a la Guerra de los Treinta Años,
o qué sé yo, pensando aún que nuestras vidas
son esos ríos, según Manrique,
que van al mar / morir,

este Ser de la Noche,
bizarre déité como diría
el disipado Baudelaire, ha descubierto
que ni Gatopardos ni Wallenstein,
ni siquiera el mar/morir. Sino que todo
es, simplemente, una molestia,
y que toda molestia ha de evitarse.
La televisión, y en el colegio,
y en su familia, ha aprendido
que el mundo es suyo.

Y ah, cómo retoza,
cómo brilla, fantástica, a las luces
de este bar, qué hermoso es ese rostro
sin destino, excitante, cómo mastica
nuestras entrañas, ese juguillo que le resbala
por la comisura de los labios…

Por fin, la quintaesencia
de la sonrisa de la Esfinge,
morfina de la desesperación,
que bailará, llamándonos
más allá de la cenizas, las ruinas, los despojos,

por fin, la dulce mano
que sostendrá, arrancado del cadáver,
el corazón aún latiendo del Horror.

2001_2  


Argent vivo

                            ¡Qué vida más tranquila parece llevar mi familia!
-pensó Gregorio
Franz Kafka

La voluntad y los apetitos… ah!
Edmund Burke

¿Lo recuerdas? Tuvimos
la Luna en la palma de la mano.
Nunca otra vez la música
de aquel tambalillo de la playa
volverá a hacernos bailar,
ni, sin que nosotros lo escuchemos,
a crujir el mundo volverá.
Volverá tu marido, no es mal tipo,
en su jardín tu aburrimiento a colgar,
y el calorcillo que alumbra entre tus muslos
¿a quién llamará?
Quizá otros brazos y otros besos
profundamente sentirás,
y tu marido y yo quizá acabemos
bebiendo solitarios en un bar,
haciéndonos amigos; como es lógico
evocarte nos unirá.
Pero recuerda, como yo te he leído a Scott Fitzgerald
nadie te lo leerá.

2006_1

 

Astarnuz

                                                                                Algún Dios de amor avía
Cartagena

Como la adormidera del desierto
Juan Arolas

La súbita luz de este conocimiento,
surgido en medio del horror,
obró un efecto extraordinario en mí
Henry James

Son cosas que suceden
en los hoteles. Cuando un hombre
llega, aburrido, tira
la chaqueta en la cama, se sirve un vodka, y
con rostro impenetrable
conecta el aparato de la televisión.

Es raro que acontezca
algo notable. Pero
aquella noche -oh ebria la Fortuna-
nada más encenderse,
apareció en pantalla un rostro único,
admirable, perfecto, inteligente,
cómplice.
Me aguardaba
como las panteras acechan a su presa.
Era Sharon Stone.
Me dije: No es posible.
Y contemplé la imbecilidad de aquella película
como cuando recorro el Canal Grande de Venezia,
sin dejar de asombrarme.
No es que uno sea demasiado impresionable.
Le aseguro al lector haber pasado
trances de esta índole, muy altos.
Pero
el gesto y la mirada de la Stone,
son otra cosa. Y
si entonces -y hoy- porque ese rostro,
esa boca, esos ojos, ese gesto
estuviera en mi cama, me pidieran
releer ya nunca a Stendhal, yo aceptara.
Porque gozar a una mujer así
no es placer inferior
ni acaso de otra especie
que escuchar la Misa en sí menor de Bach en Chartres,
que acarician la carne del crepúsculo sobre Istanbul
o que leer a Píndaro en voz alta
desde Delfos. Meter la lengua en esa boca
y recibir la suya, debe ser
¡Dios! como la sacudida en la inteligencia cuando
se lee a Shakespeare o a Borges, o a Nabokov, como
lo que debió sentir Colón
al oler la tierra. Sentir cómo ese cuerpo se abandona al placer,
ver enturbiarse esa mirada,
no es de rango menor
que comprender el Panteón.
Y
hay que ver, todo eso,
con la cantidad de excitantes pensamientos
a que después diera lugar, con lo que ha enriquecido
mi vida y mi memoria,

es algo que sucede, así, sin pretenderlo,
una noche de tantas,
por ir a dar una conferencia en Barcelona,
en una habitación
de hotel, de pronto, como dicen
que veía
Mozart,
o los santos,
a Dios.

1976_1

Aymant

                            Como a Bennvenuto Cellini -hacia quien experimento mayor
inclinación de la que tengo por los otros maestros del
Quattrocento-, me gusta vagar por la arena abandonada por
la marea, recogiendo conchas, guijas
Claude Lévi–Strauss

…Las viejas playas. A las que siempre
algo
te lleva. Como ningún otro latido
del mundo, esas orillas…

Caminas por el filo de las aguas. El sol que las traspasa,
ese velo cristalino,
y esas conchas
medio enterradas en la arena, y esas cintas
azules
que la luz dibuja.

No es tu memoria
quien reconoce,
donde existe depositada esa luz, esos colores,
estas orillas transparentes, la sensación
de la mar en tus dedos.
Es una dicha sin pasado. Sólo su instante
de exaltación, la
Vida
más allá
de lo comprensible.

1985_1

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s